El disfraz secreto: capítulo 2

 
   
 
 
 

2– MENSAJES SECRETOS

Después de aquello acordamos dos cosas importantísimas: necesitábamos un código secreto para enviarnos mensajes en clase y un espía infiltrado en los otros grupos, para que nos chivara de qué iban a ir disfrazados.

Decidimos ensayar nuestra clave secreta un día en que jugáramos un partido, así comprobaríamos el resultado de la misma.

Lo primero que hicimos fue nombrarnos por nuestras iniciales. Así durante el partido se pudo oír: “C, pedazo de burro, pásala", o, “buena canasta, A".Las niñas, que son simpáticas pero niñas, impusieron su ley y  fueron Ro y Le.

Después de este ensayo, nos dimos cuenta de que debíamos arriesgarnos en clase. Así quedó nuestro primer mensaje escrito:

“Soy C, dice Ro que a Le le han comprado una rana y quiere que J, A y yo vayamos a verla.

Sólo habían pasado tres días, cuando dominábamos a la perfección nuestro código particular y lo manejábamos de tal manera que llegamos a entendernos con sólo unas pocas letras. Para que os hagáis una idea, así hubiese quedado el anterior mensaje:
“So C, di Ro q a Le le h com u ra y q q J A y y v a v.”

No digo yo que no tenga su dificultad pero a veces cuando desciframos los mensajes salen cosas divertidas y disparatadas.

Recuerdo especialmente, el que un día le envié a Curro para quedar en mi casa para ver la película de Tarzán. Decía así: “C v a ca a v un pe de Tar.”  

Este sencillo mensaje cayó en manos de un listillo de la clase, es un cotilla de aúpa y siempre está presumiendo de todo lo que hace, y de que tiene: un coche de importación, una moto de importación, su padre, se comprende, y que todos excepto él somos unos gusanos asquerosos, ¿qué os parece?, ¡pues hay que aguantarle! Se llama Eneas, que no sé que clase de nombre es ese, ¿será bárbaro?, a lo mejor es de importación.  Bueno, a lo que iba, el tal Eneas cogió el mensaje cuando éste viajaba feliz, cruzando los espacios aéreos de la clase camino de la mesa de Curro. Lo atrapó como una mosca, ¡zas! y en su manaza lo guardó para enseñárselo al profe cuando llegara. Pero como el profe estaba aquel día un poco tardón, Eneas no esperó más y se levantó de su mesa, se fue al centro de la clase y lo leyó.

–Mirad las chorradas que escriben estos lelos, se creen que sólo ellos entienden estas majaderías, pero yo que soy muy listo porque lo dice toda mi familia, os diré lo que pone aquí.

Estuvo unos minutos mirando el trozo de folio que estaba muy arrugado y birrioso. Toda la clase permanecía en silencio esperando la lectura de aquel mensaje que prometía ser sustancioso. Eneas gritó con voz atronadora:
–¡Cevaca  avun  pedeTar! 

Las risas fueron morrocotudas. Yo vi a toda la clase  retorciéndose de guasa y agitando libretas y mochilas, lo que fastidió mucho a Eneas, porque la verdad es que había quedado fatal.

En vista de aquello Curro se envalentonó y dijo:
–Parece que has leído unas palabras de bruja nariguda barbuda.
Hubo muchas, muchísimas risas, y lápices volando, y una maceta que se cayó sin saber cómo, y algunas tizas que dieron en la mesa de alguien.
Eneas gritó muy enfadado:
–¿Pero no os dais cuenta, imberbes, de que está en clave?, yo lo descifraré.
Y Eneas volvió a mirar el papel entre murmullos de risitas y charlas porque ya nos aburría aquella historia. Pero de pronto la voz de Eneas volvió a escucharse:
–¡Ya lo tengo, clase!, aquí dice: “las vacas en tu casa no pueden estar”.
Nuevas risas morrocotudas.
A nuestras espaldas se oyó la voz del profe:
–¿Quién quiere estar con vacas en su casa?
Entonces fue cuando casi nos caímos de las sillas de tanto como nos reíamos, mientras todos gritamos a una:
–¡¡Eneas!!

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