Diez líneas sobre la lectura

 

CONTAR

Contar un cuento, no es nada fácil. Padres, madres, profes... Requiere su técnica. Y aunque no hagamos una programación  para ello, sí que debemos preguntarnos, qué queremos conseguir en los niños/as cuando nos están escuchando.
Como padres, ahí me hallo, el compartir nuestra voz, nuestros silencios, durante la lectura de un cuento con nuestros hijos, se convierte en un momento irrepetible y de importancia vital en la maduración de los niños. Mirad sus caras, levantad los ojos del libro y disfrutar con ellos, las sensaciones de gozo, que en su cerebro, en su imaginación se expanden.
Tal vez al día siguiente tengamos que leer o contar el mismo cuento. Esta repetición tiene efectos fantásticos. Es una buena terapia para relajarse antes de dormir, tener cerca, de nuevo a esos personajes que ya son sus amigos, les aporta seguridad y van desterrando miedos propios de la edad.
¿Acaso los adultos no leemos para “desconectar”, para disfrutar del mundo recreado por un escritor o escritora que nos aparta unas páginas de nuestra rutina diaria?
Ellos también tienen sus momentos. No les digamos nunca que no, si nos piden que les leamos o contemos un cuento. Tal vez tengamos que negociar el momento, la longitud de lo que se narra o darles a conocer otros personajes, cualquier estrategia antes de una negación.
Por cierto, saber comenzar un cuento, una historia, es tan importante  como saber terminarlo.
No olvidemos, que el lector está en manos del cuentista, del escritor, del narrador, una vez que hayamos captado su atención, no la dejemos escapar, pues todo este universo nos lleva a la vida del libro.   

Carmen Ramos

Leer un libro
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